por Paco
Buenos Aires, Argentina.
17 de febrero de 2021.
La humanidad, actualmente, vive y se relaciona bajo el precepto «todo es relativo». Los riesgos de utilizar la relatividad como un absolutismo, debería ser evidente. Pero parece que no.
Por un lado, sí es cierto que todo lo que implica masa, energía, tiempo y espacio... es relativo. Ahora bien. En cuanto tensamos esa fórmula de la relatividad con parámetros intolerables para su funcionamiento (es decir, en cuanto la llevamos a un extremo): se rompe.
Se produce un vacío. Un NO espacio-tiempo. Un quiebre, ya no sólo de la linealidad, sino también un quiebre de la relatividad inherente a esa linealidad.
Un Agujero Negro que chupa, que succiona toda masa y toda energía, que agota la noción de tiempo y destruye en millones de partículas toda la masa y energía que existe su alrededor.
Pero no lo vemos. No lo registramos. No es visible. Y menos aún conseguimos asociarlo a nuestro comportamiento.
No comprendemos que somos un reflejo ínfimo de aquello inmenso. No comprendemos aún que esto es lo que hacemos en nuestras relaciones, vínculos, sistemas, etc. Siempre el problema es el otro o lo otro. Nunca es uno el agujero negro. Nunca está aquí el vacío que le chupa la energía al otro, que lo despedaza, que le quita el tiempo, que no le da espacio, que rompe toda su relatividad.
Siempre es un fenómeno maligno y extraño. Independiente de nuestra voluntad.