por Paco

Buenos Aires, Argentina.

9 de agosto de 2024.


Los árboles crecen donde les toca. Sus semillas caen del fruto de otro árbol, hay animales que colaboran en su diseminación, se dan algunas otras causas y condiciones propicias (clima, suelo)... y así germina y crece.

Hay árboles que crecen en zonas donde el viento es fuerte y constante. Tanto es así que sus troncos, sus ramas y sus hojas miran hacia un lado. El viento aleja el cuerpo del árbol de su centro de gravedad, y el árbol acomoda su existencia a las características y eventualidades del lugar donde ha crecido.

Sin importar esas condiciones, el árbol manifiesta su naturaleza: se nutre de la luz solar y el agua, de la riqueza de la tierra, desarrolla un tronco fuerte, expande ramas, despliega hojas, florece, da frutos. Siendo naturalmente y adaptándose a lo que le toca, cumple su propósito en la naturaleza integral del planeta.

Cuando es verano, es verano. Cuando es otoño, es otoño. Cuando es invierno es invierno. Cuando es primavera, es primavera.

Cuando hay viento se mueve y adapta. Cuando llueve se nutre y almacena agua. Cuando hay sequía administra su agua y crecimiento. Cuando recibe animales ofrece sus dones.

La nobleza de los árboles está subvalorada. La magnificencia de su existencia está mal entendida. Estos seres vivos son una maravilla que nos enseñan cómo despojarnos de nuestros miedos y caprichos.

Se puede amar a un árbol. El árbol amará siempre.